Mafer parpadeó en repetidas ocasiones, separó los labios, se dio cuenta de que estuvo a punto de cometer una indiscreción.
—Me refiero a que te obligaron a cumplir con ella.
—Como haya sido, me enviaron a esta pocilga, me retiraron todo su apoyo. ¿Quieres que los felicite? —Agitó sus brazos.
—Lo hicieron por tu bien —habló en voz fuerte Mafer—, para que enderezaras tu vida, y no te sigas hundiendo.
—¡Ese era mi problema! —tiró de los mechones de su cabello.
—¡No! —gritó Mafer—. ¡Somos una