Paula salió corriendo de la casa cuando escuchó el ruido del auto de Juan Andrés, apenas él bajó ella se aproximó sintiendo que el corazón le retumbaba.
—Dime que no cometiste una locura —suplicó, lo miró a los ojos con expresión de angustia.
Juan Andrés la tomó de la mano y la haló, la abrazó muy fuerte.
—Ganas no me faltaron, mientras conducía hasta el hospital sentía ganas de ahorcar a ese infeliz, por culpa de él, se murió mi amigo, mi hermano —sollozó—, y mi vida se volvió una porquería