Juan Andrés se dirigió a la entrada principal, y abrió el portón.
—Doctor Duque, lamentamos molestarlo tan temprano, lo fuimos a buscar en la hacienda, pero sus papás nos informaron que se encontraba aquí.
—Sí, no hay problema, pasen. —Se hizo a un lado. —¿Algún inconveniente, teniente?
—Tenemos información que le puede interesar, es sobre David Uribe.
Juan Andrés inhaló profundo.
—¿Qué pasa con él?
—Descubrimos que su amigo no se suicidó, sino que el proyectil que lo mató salió desde el cl