Desde el consultorio del doctor Esparza. Sergio a través de las cámaras instaladas en esa habitación, miraba y escuchaba todo. Su risa siniestra retumbó en las paredes.
—Por fin te veo sufrir, desgraciado, eso y más te mereces. —Apretó sus puños con todas sus fuerzas. —Tu castigo será perder a la mujer que amas, pero ese no será tu fin, porque no tienes idea de lo que te espera. —Bebió un sorbo de whisky y volvió a carcajear—. Por ti hermano, haré justicia, y por mí más, ese Duque jamás debió