Elizabeth se dejó arrastrar al interior del local y no pudo evitar contagiarse de los ánimos de Diana.
—Ahora sí puedo beber —la escuchó decir cuando les trajeron lo que su amiga pidió a la mesa en la que se encontraban.
—Llevamos bebiendo toda la noche —murmuró Elizabeth con voz atolondrada por el exceso al que esa mujer la había estado sometiendo.
Comenzaba a pensar que intentaba emborracharla, pero se lo estaba pasando tan bien que alzó la copa y brindó con ella justo en el momento en que la