Elizabeth tenía un dolor fuertísimo en la cabeza y para su sorpresa y desagrado, había despertado en un hospital.
Lo último que recordaba era estar huyendo de Roger y encerrarse en su oficina y lo siguiente era que estaba allí, en una habitación tétrica de hospital.
No soportaba los hospitales desde que su abuela pasó varios meses internada antes de fallecer, había pasado tantas horas en el interior de aquellas paredes haciéndole compañía, que había desarrollado una profunda aversión por ellos.