Minutos después de que Mauro se hubiera ido de mi apartamento, escuché el teléfono celular sonar. Me levanté del suelo, dónde todavía estaba llorando y pensando que debía hacer y corrí para buscarlo.
— ¿Roberto?. — Exhale aliviada.
— ¡¿Mayra?! ¡¿Estás bien?!. — Sonaba preocupado.
— Sí, sí, estoy bien. — Respondí de inmediato pensando, “¿Cómo lo supo?”.
— Mis hombres me informaron que Mauro se fue a meter en tu apartamento, estuvieron esperando por un rato en los alrededores y él tenía a sus hom