Mauro me llevó hasta una disco para festejar, porque al día siguiente ejecutaríamos su plan y quería celebrar por adelantado, puesto que, obviamente, sería imposible hacerlo luego de la muerte de su hermano y cuñada.
Bebimos mucho, trago tras trago, bailamos, socializamos, la pasamos bien. A media noche, ya me sentía algo mareada, pero Mauro no quería dejar la fiesta y me insistió en que lo acompañase a beber. Fue todo un dilema porque yo no quería embriagarme, no debía bajar la guardia estando