A la mañana siguiente, luego de desayunar, Mauro me llevo hasta mi apartamento.
— Deduzco que este es un lugar seguro para hablar. — Murmuró apenas entramos.
Él le había dado órdenes a sus gorilones para qué esperarán en el lobby del hotel. Asentí algo azorada, puesto que esperaba que Roberto me llamara en cualquier momento, si no es que ya había intentado comunicarse conmigo y el teléfono escondido ya estaría fundido por todas sus llamadas perdidas.
— Lo de anoche, salió mejor de lo que espera