Llegué a la mansión, como siempre, una limusina enviada por Mauro me había traído y al entrar los gorilones me revisaron con el detector de metales y hurgaron en mi pequeño bolso de mano. No encontraron nada y me dejaron pasar.
Entre directamente al salón principal, había algunas personas allí charlando, Mauro estaba en el minibar hablando con Julieta, por primera vez vi que ella le sonreía. Decidí darles su tiempo y lentamente fui revoloteando por el lugar, observando disimuladamente a los pre