Luego de charlar un rato más y disimular, terminé retirándome muy pronto de la fiesta, sin siquiera despedirme, salí de allí apenas vi la primera oportunidad.
Llegué a mi apartamento, nerviosa, asustada, con la sensación de que me había metido con quién no debía, con el miedo de que alguien me espiaba o de que me habían seguido, luego recordé que quizás se tratara de los hombres de Roberto. Traté de calmarme, me serví una copa de vino y fui a tomar un baño de burbujas.
Pensé mucho en todo lo su