El resto de la noche, fue más aburrida de lo que esperaba. Mauro se estancó a hablar con otro sujeto a su lado entre murmuros, mientras que un tal, Mattia, no dejaba de hablarme, de preguntarme sobre mi vida, como si estuviera en pleno interrogatorio.
Al mismo tiempo tenía que lidiar con la mirada asesina de Giovanni, y escuchar los comentarios petulantes de Julieta y Don Marco, criticando a todo aquel que les pasara, por un lado.
En ese momento, ya no estaba nerviosa, estaba hastiada.
Julieta