Ella con una mirada de confianza y como si ya hubiera ganado la batalla, los observo sin quitarles la mirada de encima instándolos a responder. Ernest pese a su renuencia aún no olvidaba el gran pesar que le provocaba esa niña.
Suspiro profundamente, y al final asintió.
Barbara estaba por comenzar a dar órdenes, cuando las palabras de Ernest la detuvieron abruptamente.
—A cambio de que declines ese contrato con la niña y divorcies a tu hijo de ella.
Por un instante ella casi arroja espuma por l