—¿Me veo elegante? —preguntó Alessa, desfilando el largo vestido azul que se había comprado para la ocasión.
—Creo que, comparado con cómo estabas cuando te vio mi madre por primera vez, cualquier cosa es mejor.
—No me recuerdes eso, por favor. —Revisó por última vez su maquillaje.
—¿Por qué, te calienta? —Su mano buscó hacerse espacio bajo la tela.
—Luka, no hagas eso. Tardé en arreglarme y no quiero despeinarme ni sudar.
—Sólo quiero ver si llevas las bragas azules. —Le levantó el vestido ha