—Parece cansada. ¿Está durmiendo bien? —preguntó Florencia.
Había ido a visitarla por la mañana, iba tan seguido como su trabajo en la viña se lo permitía. Alessa tenía ojeras profundas, se marchitaba.
—Las siestas las toma bien, en la noche no lo sé, yo me voy cuando el señor llega —dijo la nueva enfermera.
Florencia frunció el ceño. Llevó la silla de Alessa a la terraza, por algo de aire fresco. Le cubrió las piernas con una manta.
—Quiero mostrarte algo. Estuve digitalizado algunas fotos de