La madre de Alessa sacó otro pañuelo de su bolso mientras intentaba retener lo que el médico decía. Había empezado a llorar cuando le comunicaron del despertar de su hija. ¡Un milagro! ¡Un milagro había ocurrido! Ahora, luego de los exámenes que le habían hecho, sentía que el milagro no estaba completo, que no había rezado lo suficiente. Su hija estaba consciente, pero no estaba allí, sólo su cuerpo. Ya no veía a su Alessa a través de esos ojos que ni siquiera parpadeaban. Qué ilusa había sido