Luka no recordaba la última vez que desayunó con una mujer en su casa. No porque tuviera mala memoria o hubiera pasado mucho tiempo, sino porque había agarrado esos recuerdos y los había guardado en la última habitación de su cabeza, bajo llave. En parte para eso iba a terapia con Augusto, para no desear encontrar la llave.
—Esto está muy bueno —dijo Alessa, llevándose una cucharada de cereal con leche a la boca.
Un poco se le escurrió por la comisura y Luka sintió un tirón en la entrepierna.