—¿Por qué no me dijiste que vivías con tu madre?
Alessa acababa de confirmar que, pese a la enorme cantidad de vergüenza que una persona pudiera sufrir, era imposible volverse resistente a ella.
—Porque no vivimos juntos.
—Mis bragas no están. ¿Las tienes tú?
La sirvienta de Luka le había dejado la ropa limpia en la cama.
—No, eso es todo lo que llevabas encima. Tal vez se te quedaron en el bar. ¿No te da vergüenza? —Le apretó una nalga desnuda.
—¡Ojalá y la vergüenza me salvara de acabar