Es el atardecer perfecto junto a una persona que no pensé encontrar de nuevo en el camino de esta montaña rusa a la que llamamos vida.
Dejamos la mesa y nos detenemos frente a una gran ventana de vidrio, observando los rayos anaranjados que se extienden por el cielo y entre las nubes grises. A estas horas me suele venir un poco de melancolía de algo que no sé, quizá por el final del día que ya nunca más regresará.
La persona que ayuda a Jhonson nos trae té de canela bien calientito, es una se