Ahí, frente a mí, dos descarados me observan en silencio: Johnson y Donna. Varias preguntas saltan en mi mente: ¿Qué hacen juntos? ¿A qué han venido? ¿Por qué Donna sostiene su mano?
Me quedo paralizada y con la boca abierta, ni siquiera puedo pensar con lucidez o articular una sola palabra. Cuando, por fin, recupero un poco el control, me dispongo a girar mi rostro y salir ignorando su presencia antes de empezar a sentirme incómoda, no obstante, Donna dice algo que me hace parar en seco.
—Desp