Espabilo varias veces y respiro profundo.
—¿Eres tú? —susurro, sintiendo mucha contrariedad y sorpresa que se convierten en mucho enojo—. ¿Apenas te dignas a hablarme? Y pensar todo lo que he pasado por ti...
—Hija, yo sé que debemos tener una larga conversación. Has entendido mal las cosas y lamento no haberte buscado antes para aclararlo, pero...
Niego con la cabeza y e interrumpo aquella voz grave y rasposa.
—No, déjame en paz, ya no quiero saber nada más de ti. Me arruinaste la vida, estoy