Dylan colgó la llamada, pero su mano temblaba ligeramente al hacerlo.
Una sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro, forzada, como si intentara convencerse a sí mismo de que todo estaba bajo control.
Marella lo abrazó por detrás, apoyando la cabeza en su hombro, percibiendo esa leve tensión en su cuerpo.
—¿Qué pasa? —preguntó con suavidad, sus ojos buscando los de él.
Dylan respiró hondo, apartando el teléfono. Miró, a su alrededor, el eco de la velada seguía retumbando, el ruido de los invitados