Los hombres salieron corriendo en un caos absoluto, el disparo aun resonando en el aire como una amenaza latente.
Alma, con el corazón en un torbellino de pánico, corrió con toda la fuerza que sus piernas le permitieron, buscando desesperadamente a Salvador.
Cuando lo vio, un alivio indescriptible la inundó. Estaba allí, maltrecho, pero vivo.
Los golpes que cubrían su cuerpo eran solo heridas visibles, pero Alma sabía que lo importante era que él estaba a salvo.
No pensó, solo pudo más que lanza