Al llegar a casa, Santiago, el abuelo, dirigió a toda la familia hacia el salón principal, un espacio solemne cargado de historia familiar, donde cada retrato parecía observar atentamente, juzgando cada acción que ocurría bajo su mirada.
Santiago se detuvo en el centro del salón y esperó a que todos tomaran asiento, con su mirada fija y severa sobre cada uno de ellos.
Finalmente, sus ojos se posaron en Dylan y Marella, quienes permanecían de pie, tomados de la mano con firmeza.
Al verlos así, Sa