Cuando Yolanda regresó a la mansión, el aire estaba cargado de tensión.
Se encontró con Máximo, quien parecía haber esperado ansiosamente su llegada. Al verlo, su corazón se aceleró, y sin mediar palabras, él comenzó a hablar.
—Tengo miedo por el futuro de Eduardo, Yolanda —dijo, su voz quebrada por el temor.
Yolanda, al escuchar esas palabras, sintió que la angustia la invadía como una marea imparable. No pudo evitarlo. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro, cayendo lentamente, com