Marella y su madrastra Lina estaban en la estación de policía, pronto apareció su amiga Suzy.
Estaban desesperadas.
Pronto, apareció el abogado, quien les indicó que el padre de Marella esperaría su juicio dentro de la prisión y que el juez había negado la fianza.
Marella estaba sorprendida.
—¡No puede ser! Por favor, debe poder hacerse algo, no es un delito tan grave para que no haya fianza —suplicó Marella.
El abogado negó.
—Tengo las manos atadas, además, no podré llevar el caso.
—¡¿Qué?! ¿P