Al día siguiente.
Marella decidió ir a su trabajo, se reunió con su jefe.
Estaba muy nerviosa.
—Marella, que bueno que viniste, hay algo de lo que debemos hablar, pero ¿Cuál es tu petición?
—Señor Estrada, tengo un problema muy grave, es personal, ¿podría hacerme un préstamo urgente?
El rostro de su jefe parecía renuente.
—Lo siento, Marella, no puedo hacerlo.
Marella se sintió sin esperanza, pero el hombre tomó un cheque y se lo dio, junto a una carta.
—¿Qué es esto? —no era una cantidad de din