Máximo guio a su familia hacia su antiguo departamento de soltero, un lugar que parecía tan ajeno a la opulencia que habían disfrutado hasta ahora. Las paredes desgastadas y la falta de lujos eran un recordatorio cruel de su caída. Nadie estaba feliz de estar allí, y el silencio pesado entre ellos lo hacía aún más evidente.
En una de las habitaciones, Glinda se sentó en la cama, rígida como una estatua. No pronunció ni una sola palabra, pero su mirada estaba llena de rabia. Cada vez que recordab