Los días pasaron rápidamente. Marella cenaba con Suzy, pero no tocaba su plato, y sus manos temblaban sobre los cubiertos.
—Marella, come algo —insistió Suzy con dulzura—. Necesitas fuerzas para el juicio de mañana.
Marella respiró profundo, luchando contra el nudo en su estómago.
—Estaré bien. ¿Cuándo regresa tu esposo?
—En dos días, fue a Bahía Blanca con la señora Nassin para cerrar la venta de un pent-house. Lo extraño —contestó Suzy, nostálgica.
Marella sonrió, deseando algún día experiment