En la mansión, al fin reinaba el silencio, la paz y la serenidad.
El padre de Easen gruñía del dolor de cabeza en su alcoba, al menos le habían puesto un paño frío contra ese dolor insoportable.
—Easen, mocoso, te he malcriado demasiado…—apretó los dientes en cuanto el dolor volvió a surgir, detrás de sus ojos, llegando hasta la parte trasera de su cráneo. El dolor es como si tuviera una banda elástica alrededor de su cabeza, a la altura de sus ojos—. ¿Cómo pudo hacer algo así sin decirle nada