••Narra Marcos Kent••
Sentía como el agua entraba en mi pulmones, me ahogaba. Y nadar con una mano no era nada recomendable. Traté de usar ambas, pero el dolor era más grande que mi sentido de supervivencia, lo cual era una incongruencia.
El agua helada bañaba mi cuerpo y mis pataletas de hacían cada vez más inútiles. Jamás pensé en encontrarme a mí misma en una posición tan miserable, tan vergonzosa. Ni siquiera me sentí de esta manera cuando aguantaba las humillaciones de Federico por ser el