Al caminar por la calle con Cafecito siendo sujetado por su nueva correa, me sentía como si en cualquier momento fuera a ser arrastrada por el enorme can. En algunos momentos, cuando parecía emocionarse, tenía que usar las dos manos para mantenerlo en su lugar, pero trataba de actuar normal, como si pudiera sobrellevarlo, ya que iba a ser difícil que Alexander me permitiera quedarme con una mascota a la que ni siquiera podía pasear. ¿Cómo podía ser tan fuerte con solo tres patitas?
—Dame la c