El ruido del mundo desapareció.
Por un segundo, perdí el conocimiento. Al volver abrir los ojos, estaba acostada en el asfalto, con mi vista fija en el cielo.
—Kiara, pequeña, no me hagas esto —El rostro de Alexander entró en mi campo de visión. Sus ojos estaban enrojecidos y tenía una cortada en la ceja—. Respóndeme, por favor.
—¿Qué pasó? —Logré preguntar, sintiendo mi voz extraña.
—Un hijo de puta nos chocó y se dio en la fuga, pero con su vehículo en ese estado no llegará muy lejos. N