Los guardaespaldas se quedaron afuera de la empresa, mientras yo entraba.
Era la primera vez que entraba a la compañía de Alexander.
Era tal y como me la imaginé; inmensa, fría y minimalista.
Hombres y mujeres caminaban de un lado a otro, vestidos formalmente. Y el ruido… Eran tantos trabajadores bien presentables reunidos en un mismo lugar que podía escuchar el resonar de los zapatos y el murmullo de las conversaciones.
Caminé hasta llegar a recepción, donde me recibió una mujer de ojos