Los días pasaban y yo seguía sorprendida de mi propio embarazo. Ya sabía que las probabilidades eran altas, pero tener la certeza absoluta me dejó en las nubes.
Tal vez era muy pronto, tal vez nos estábamos precipitando, pero Alexander ya había mandado a acomodar la habitación del bebé, con colores neutros
—¿Y si es niña? —Le pregunté, mientras lo veía escoger una cuna blanca y grande.
—¿A qué te refieres? —dijo mientras detallaba el material.
—Tú esperas un varón —jugueteé con la car