—Kiara, ¿eres consciente de lo que acabas de decir? —Las manos de Alexander fueron a mi rostro. Pude distinguir la urgencia en su voz—. ¿Sabes lo qué significa?
En su momento no era consciente cuando dije esas palabras, pero ya no me podía arrepentir, porque era una realidad; amaba a Alexander. No pude ponerlo en palabras, porque me daba miedo. Nunca había amado a ningún hombre como me ocurría con Alexander. Ni siquiera por Marcos guardé esa clase de sentimientos en aquella época donde era ing