Observé como Alexander doblaba delicadamente el vestido de su madre antes de perderse dentro del Vestier. Una vez que apareció, se sentó en la cama, a mi lado.
—Lo siento por dañar el vestido, Alexander. Fue un accidente —hablé en voz baja.
—Lo sé, lo vi por las cámaras. No tienes que preocuparte, es solo un vestido —Su gesto se mantuvo serio.
Parpadeé varias veces, impactada.
No por su falta de reclamo, sino porque trataba de quitarle importancia a algo que si le importaba.
Nunca