••Narra Alexander••
Al llegar a la mansión, pude notar las miradas curiosas de los empleados. Fingían trabajar, pero a mí no se me pasaba por alto como una de las sirvientas pasaba el trapo sucio y húmedo sobre el cojín de la estancia en lugar de la mesa decorativa frente a ella. Sus ojos estaban puestos en mí y los míos en los de ella, y ni por eso dejaba de verme.
Estaba como en un trance. Una de sus compañera la pateó y por fin reaccionó, dándose cuenta de lo que estaba haciendo.
Quise pen