Tenía muchas cosas que decirle a Robert Bennett y no sabía por dónde empezar. Él tampoco lo ponía muy fácil que digamos porque al tiempo que estuvo a un paso de mí apenas me dio una mirada y siguió de largo diciendo —: No hay tiempo para reencuentros nostálgicos, necesito saber qué pasa con mi hija.
Giré en redondo y, conteniendo todo el aire, empecé a caminar detrás suyo. Con una seña lo guié al Jaguar y sin siquiera hablar, se embarcó al vehículo de color negro.
El aire en el auto se podía pa