El comportamiento irritable que presentaba después de haber dejado a Robert Bennett en su aparente apacible hogar lograba que el dormitorio de mi departamento y el piso mismo pareciera una cárcel asfixiante y opresiva en vez del espacioso y costoso lugar inesesariamente amueblado en exceso con un gusto minimalista y una ambientación que según la diseñadora te hacía sentir desahogado.
Era el caso contrario, por encima de todo, la angustia reverberaba en mi sangre como lava y oprimía mi pecho co