Recuerdo que caía la noche cuando después de esos días en el yate la dejé en el que suponía era el resguardo de su hogar. Fue la última vez que la vi. Iba a ser ya un mes, pero en mí lo sentía como eones pasando en cámara lenta. Tan lento como veía el confiable Jaguar recorrer la infinita autopista aún cuando veía el kilometraje en 120km. Los hombres que me acompañaban iban recostados en sus asientos metidos en sus propios pensamientos sin siquiera mencionar mi velocidad de locura. Intuía que s