Estába muerta.
Me desperté sobresaltada con una profunda inhalación. Mis párpados se dispararon abiertos y mi torso se despegó de las sábanas tibias.
Tenía las respiración igualada a como la tendría si corriera una milla, mientras un profundo dolor se asentaba en mi pecho a medida que volvía a la realidad y era consiente de lo que había pasado y estaba alejado de ser sólo una pesadilla.
—Eloise —me llamó una voz a mi izquierda. Recordé a Daniel la última vez que estuve lúcida y cómo había caí