No comenté ni produje un solo sonido al momento de entrar por esa puerta luego de que Daniel me dejara. Mi cuerpo se estremecía de sólo imaginar a Alexander volviendo a cruzar el umbral.
Toda la situación todavía tenía a mis manos inquietas y a mi estómago hecho un retorcijón. El Scott mismo sabía que pasaba algo y solo iba a mi lado en silencio. Incluso, cuando llegué hasta mi cuarto y tranqué la puerta, él se sentó junto a mí en la cama, completamente inmóvil. Justo como yo lo estaba.
Vagamen