-No creo que las secretarias estén enamoradas de Alberto –dijo Marián mentalmente mientras lavaba su cabello en la ducha- Solo están envidiosas de que él me tome en cuenta y que me dé un cargo en la empresa… ¿Pero que estoy haciendo? Ayer me encerré en mi habitación toda la tarde porque no me necesitaban en la oficina. Como una niña regañada. ¡Pero soy socia! Es decir, soy como la jefa de la empresa. Y si mi nombre estaba escrito en los documentos principales quiere decir que soy la cabeza del