Sus pies daban pasos despacio, las manos sudorosas y el cosquilleo en el estómago combinaban la expresión de los nervios, estaba emocionada y era el momento de compartir la gran noticia con su madre, llegó a la habitación y empujó la puerta con suavidad. Estaba ella, allí sentada con el celular en la mano mirando a través de la pantalla. Marián se paralizó y sus párpados se abrieron grandemente por la impresión, al ver la tela de seda blanca que colgaba con destellos brillantes y terciopelo por