Dentro del silencioso despacho de caoba en la zona de Lomas de Chapultepec, la respiración de Esperanza seguía agitada. Sus ojos afilados contemplaban las hojas del testamento de Montesino esparcidas sobre el escritorio. Su mente giraba con rapidez, intentando procesar la amenaza de Jane.
—Es imposible que Jane conozca esta cláusula secreta a menos que alguien se la haya filtrado —siseó Esperanza, apretando los dedos—. Andrik… ese bastardo debió colarse en esta habitación cuando yo no estaba.
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