Ernesto frunció el ceño y la observó con seriedad.
—¿Qué dices? —inquirió con voz firme.
—Lo que estás escuchando —respondió y caminó hacia Lis, estirando sus manos para intentar abrazarla; sin embargo la niña se aferró con fuerza a los brazos de su papá.
—Más vale que le diga a su clienta que cuide lo que dice, porque si la custodia fue entregada a Ernesto, es por los cambios que manifiesta la pequeña, hacia su progenitora —Arnulfo cuadró sus hombros y los miró con seriedad.
El abogado inhaló