Ciudad de México.
En horas de la madrugada.
Ernesto sostenía entre sus brazos a aquella chica de cabello castaño y mirada grisácea, cautivadora. Ocultó su rostro en el hueco de su cuello, aspirando su dulce aroma, con notas de cerezas dulces y rosas mimosas.
Luego de tomar un poco de distancia entre ambos, su aceitunada mirada, recorrió con descaro la hermosa figura que tenía, admirando sus torneadas y largas piernas. Pasó saliva con dificultad al recordar cómo se enredaban entre sus caderas cu