Anabell
El ático está demasiado silencioso cuando entramos.
El ruido del estadio todavía vibra en mis oídos, pero aquí arriba todo se siente distinto. Más pequeño. Más íntimo. Más peligroso.
Gael deja las llaves sobre la consola junto a la puerta. El sonido metálico rebota en las paredes y me hace sobresaltarme como si hubiera sido un disparo.
Estoy nerviosa.
Y odio que se note.
—¿Estás bien? —pregunta él, quitándose la chaqueta.
Asiento demasiado rápido.
—Claro.
Mentira.
No estoy bien. No desd