13. Qué empiece la función
Gael
La casa está en silencio cuando cierro la puerta de la habitación.
No es un silencio cómodo.
Es de esos que te recuerdan todo lo que no estás haciendo.
Me dejo caer en el borde de la cama y estiro las piernas. Los músculos todavía me arden, no por un entrenamiento —ojalá—, sino por la tensión constante de estos días. El cuerpo pide hielo, rutina, impacto. Pide pista.
No este encierro.
Apoyo los codos sobre las rodillas y miro el teléfono durante varios segundos antes de desbloquearlo. El no